
En Zaragoza, la sostenibilidad lumínica ha dejado de ser una promesa para convertirse en acción medible. La ciudad, reconocida por la UE como una de las 100 ciudades climáticamente neutras antes de 2030, está dando pasos firmes hacia un nuevo modelo de iluminación pública.
Uno de ellos es la transformación del entorno Zamoray-Pignatelli, cuyo proyecto han sido presentado por María José Sanz, jefa del Servicio de Alumbrado Público del Ayuntamiento de Zaragoza, y Susana Malón, directora de Lumínica Ambiental, en el LI Simposium Nacional de Alumbrado.
La ciudad de Zaragoza está redefiniendo su modelo de alumbrado público con criterios de sostenibilidad real. No se trata solo de eficiencia energética o cambio a tecnología LED, sino de una apuesta firme por reducir la contaminación lumínica, proteger la biodiversidad y ofrecer una iluminación más saludable y respetuosa. Así lo presentaron María José Sanz, jefa del Servicio de Alumbrado Público del Ayuntamiento de Zaragoza, y Susana Malón, directora de Lumínica Ambiental, en el LI Simposium Nacional de Alumbrado.
La ponencia se centró en el proceso de transición del alumbrado urbano zaragozano “desde el vapor de sodio y los 4000 K hacia los 2200 e incluso los 1800 K”, como explicó María José Sanz. Un cambio que va mucho más allá del cumplimiento normativo: “Se están aplicando criterios sostenibles con mayúsculas. No hablamos de sostenibilidad como palabra vacía, sino como acción real que reduce la contaminación lumínica”, añadía Malón.
El entorno Zamoray-Pignatelli, punto de partida
Uno de los pilares de esta transición ha sido el proyecto piloto desarrollado en el entorno de Zamoray-Pignatelli, una de las zonas más vulnerables y socialmente complejas de Zaragoza. Susana Malón fue precisamente quien que se encargó del diseño y la dirección de obra. Y, sin embargo, la respuesta ciudadana fue sorprendentemente positiva: “Solo hubo una queja. Y ni siquiera fue sobre la nueva luz, sino por la sensación de contraste al pasar desde una calle sobre-iluminada a otra bien regulada”.
Este piloto fue clave para demostrar que un alumbrado bien planificado, con temperatura de color cálida y espectros controlados, no solo es compatible con la seguridad ciudadana, sino que mejora el entorno urbano. “La seguridad no siempre se resuelve con más luz. A veces, la solución está en la calidad, no en la cantidad”, recordó Malón durante su intervención.

De la teoría a la práctica: luz cálida, control y telegestión
Zaragoza ha asumido el compromiso de que su alumbrado público no supere los 2200 K en zonas residenciales y que en zonas verdes llegue incluso a 1800 K, con curvas de población lumínica y detectores de presencia. Todo ello acompañado de sistemas de telegestión punto a punto, baja radiación al hemisferio superior y eficiencia energética certificada.
Esta línea de actuación ha sido reconocida con el Premio Starlight 2024 a la innovación en alumbrado inteligente, un galardón que Sanz y Malón exhiben con orgullo. Pero más allá de los reconocimientos, ambas remarcan el impacto real en el entorno: reducción de luz intrusa, mejora del descanso, protección de insectos polinizadores y recuperación del cielo nocturno. “La iluminación artificial es uno de los mayores inventos de la humanidad. Pero también puede ser un contaminante si no se gestiona bien”, afirmaron.
‘Reluces’ y ‘Relucidos’: escalando el modelo a toda la ciudad
El proyecto piloto fue solo el comienzo. A través del plan Reluces, financiado por la convocatoria de proyectos singulares del IDAE, Zaragoza ha iniciado la renovación de casi 10.000 luminarias, 81 centros de mando y toda la red del casco histórico y barrios como Torrero, La Paz o San José. “Presentamos uno de los proyectos más ambiciosos de toda España y lo estamos ejecutando en solo un año”, subrayó Sanz. A este se suma ahora Relucidos, una nueva fase centrada en parques y zonas verdes, que consolidará el uso de luminarias a 1800 K y sensores de presencia.
“Han tomado carrerilla”, bromeaban ambas ponentes al finalizar su intervención. Y no les falta razón: Zaragoza ha logrado lo que muchas ciudades aún están intentando—pasar de la teoría a la práctica, aplicar una política coherente con la transición ecológica, y hacerlo de forma transversal, integrando ciudadanía, medio ambiente, tecnología y salud urbana.
La luz como elemento de transformación social
Más allá de los datos técnicos, el caso de Zaragoza demuestra que el alumbrado público puede ser un vector de regeneración urbana. En zonas degradadas, bien diseñado, puede aportar seguridad sin sobreiluminar, puede recuperar el espacio para los vecinos sin dañar la biodiversidad. “Lo importante no es poner más luz, sino poner la luz adecuada. Calidad, no cantidad”, insistió Malón. Y los resultados están a la vista.
El Comité Español de Iluminación, a través de este artículo y la entrevista en vídeo disponible a continuación, pone en valor este tipo de actuaciones como referentes reales de cómo aplicar innovación y responsabilidad en la iluminación de nuestras ciudades. Porque la luz, cuando está bien pensada, ilumina sin deslumbrar, guía sin invadir, y transforma sin imponer.