Las noches de invierno plantean uno de los mayores retos para el alumbrado urbano. La reducción de horas de luz natural, el aumento de la actividad nocturna en determinados tramos horarios y las condiciones climáticas adversas obligan a las ciudades a garantizar seguridad, visibilidad y confort sin que ello suponga un incremento desproporcionado del consumo energético.
En este contexto, la iluminación deja de ser un sistema estático para convertirse en una infraestructura estratégica, capaz de adaptarse al entorno, al uso del espacio y a los flujos reales de personas y vehículos. Pero la pregunta sigue abierta: ¿cómo ajustar la luz urbana en invierno para equilibrar eficiencia y seguridad?
Este fue el eje del último Lunes de Debate Lumínico impulsado por el Comité Español de Iluminación (CEI), que invitó al sector a reflexionar y posicionarse a través de una encuesta abierta.
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