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La medición dinámica de luminancia abre la puerta a conocer con mucho más detalle el comportamiento real de una instalación de alumbrado. Aquilino Molinero y Senén Perales, de AMAC Europa, analizan las posibilidades de una tecnología que permite pasar de comprobaciones puntuales a disponer de información de prácticamente toda una vía.

Durante años, comprobar el comportamiento de una instalación de alumbrado exterior ha estado asociado, en buena medida, a mediciones realizadas sobre puntos o tramos concretos. Sin embargo, la evolución de los sistemas de medida está permitiendo dar un salto importante: pasar de conocer qué ocurre en unos pocos metros a obtener información mucho más completa sobre el conjunto de una instalación.

Es uno de los principales retos sobre los que trabajan en AMAC Europa, entidad socia del Comité Español de Iluminación. En una conversación mantenida con el CEI durante el último Simposium Nacional de Alumbrado, Aquilino Molinero y Senén Perales pusieron el foco en las mediciones de luminancia y, particularmente, en las posibilidades que ofrece su realización de forma dinámica.

Sus reflexiones siguen apuntando a una cuestión plenamente vigente para el sector: ¿estamos midiendo realmente aquello que necesitamos conocer para evaluar correctamente una instalación de alumbrado?

De los luxes a la luminancia: medir lo que percibe el conductor

La iluminancia, expresada en lux, es una magnitud ampliamente conocida en el sector. La luminancia, sin embargo, continúa siendo menos familiar pese a su especial relevancia en determinadas aplicaciones de alumbrado viario.

Desde AMAC Europa recuerdan que la luminancia resulta especialmente significativa a la hora de caracterizar una vía con tráfico, pero su medición incorpora también una mayor complejidad.

“Normalmente la luminancia es mucho menos conocida que la iluminancia, que los luxes, y, a pesar de ser una magnitud fundamental para poder caracterizar una vía en la que hay tráfico, tiene ciertas dificultades.”

Medir luminancia no significa únicamente situar un instrumento sobre el terreno y obtener un valor. En el resultado pueden intervenir factores relacionados con las características de la propia vía, las condiciones de medida o el equipo utilizado.

Uno de ellos es especialmente importante: el pavimento.

El asfalto también forma parte de la ecuación

La luz que llega a una calzada y la luminancia que finalmente percibe un observador no son exactamente lo mismo. Las propiedades del pavimento influyen en la manera en que la luz se refleja y, por tanto, en la evaluación final de la instalación.

Molinero y Perales llaman la atención sobre “la influencia del asfalto” y también sobre las diferencias que pueden aparecer en las mediciones cuando se emplean distintos tipos de luminancímetros.

Esta circunstancia tiene importantes consecuencias prácticas. Una instalación no debería analizarse únicamente a partir de los valores teóricos previstos durante su diseño. La realidad de la vía —su pavimento, su geometría, su entorno o los obstáculos que aparecen con el paso del tiempo— condiciona su comportamiento.

Y precisamente ahí es donde una caracterización más extensa de la instalación empieza a aportar una información especialmente valiosa.

Del dato puntual al mapa completo de la instalación

La principal diferencia que introduce la medición dinámica no reside únicamente en la velocidad con la que pueden obtenerse datos. Su verdadero cambio de escala está en la cantidad y continuidad de información disponible.

Tradicionalmente, las comprobaciones podían ofrecer una fotografía de determinados puntos o pequeños tramos. Las tecnologías dinámicas permiten avanzar hacia una visión mucho más extensa de la vía.

“Estamos pasando de un sistema en el que, cuando se medía —que no siempre se medía—, teníamos una situación puntual, unos pocos metros, a brindar la oportunidad de conocer el estado de toda la instalación.”

Ese cambio tiene una consecuencia inmediata: aparecen muchos más datos.

Y con ellos surge un nuevo desafío para proyectistas, administraciones, mantenedores y gestores de alumbrado: cómo convertir esa información en decisiones útiles.

No se trata simplemente de acumular valores de luminancia, sino de utilizarlos para comprender mejor cómo funciona una instalación y dónde existen oportunidades de actuación.

“Cómo pueden gestionar toda esa información, cómo pueden utilizarla para aprovecharla de una forma mejor y poder ajustar mejor los proyectos de alumbrado o el propio mantenimiento” es, según explican desde AMAC Europa, una de las cuestiones que más interés despierta entre los profesionales cuando conocen las posibilidades de estos sistemas.

Una calle nunca es completamente uniforme

La utilidad de disponer de información continua resulta especialmente evidente cuando se observa una instalación real.

Una calle no se comporta necesariamente de la misma manera desde su inicio hasta su final. Las distancias entre puntos de luz pueden variar; el crecimiento del arbolado puede modificar las condiciones previstas originalmente; pueden existir obstáculos, cambios en la geometría o zonas cuyo comportamiento se aleje del resto de la instalación.

Una medición limitada a un tramo concreto corre el riesgo de no identificar estas situaciones.

“Vamos a pasar de conocer el estado de una calle básicamente por cómo están 20 metros a tener la información completa de esa calle.”

Esa visión global permite detectar anomalías y diferencias que una comprobación puntual podría pasar por alto.

Los propios especialistas de AMAC Europa lo resumen de forma gráfica: no todas las zonas tienen las farolas a la misma distancia ni las mismas condiciones de entorno. Son pequeños detalles desde el punto de vista territorial, pero pueden resultar muy relevantes desde el punto de vista luminotécnico.

Por ello, la medición dinámica puede convertirse no solamente en una herramienta de verificación, sino también en una fuente de información para mejorar el mantenimiento, diagnosticar instalaciones y orientar futuras actuaciones.

Medir luminancia porque lo exige un pliego no es suficiente

El debate adquiere todavía más importancia cuando las mediciones forman parte de proyectos promovidos por las administraciones públicas.

Molinero y Perales advierten de una situación que consideran preocupante: pliegos técnicos en los que se solicita expresamente la medición de luminancia, pero donde posteriormente puede existir una brecha entre esa exigencia y la capacidad técnica para ejecutarla y acreditarla correctamente.

“En las prescripciones técnicas de algunos pliegos los ayuntamientos solicitan que se mida luminancia y las empresas que han ganado esas licitaciones no demuestran que son capaces técnicamente de medirla en base a las normativas o a la guía CEI-IDAE.”

La reflexión resulta especialmente relevante en actuaciones vinculadas a programas públicos de renovación del alumbrado.

La medición no debería entenderse como un mero trámite documental. Si el objetivo es verificar que una actuación cumple determinados compromisos técnicos y energéticos, la calidad de la medida, su metodología y su trazabilidad resultan tan importantes como el propio valor obtenido.

La cuestión es, por tanto, doble: exigir datos adecuados y garantizar que quienes deben obtenerlos disponen de los medios y conocimientos necesarios para hacerlo correctamente.

¿Sustituirá la medición dinámica a las comprobaciones tradicionales?

Desde AMAC Europa consideran que la evolución parece dirigirse hacia una utilización cada vez mayor de las mediciones dinámicas.

El motivo no es necesariamente que las mediciones tradicionales dejen de tener utilidad, sino que la diferencia en la cantidad de información obtenida puede hacer insuficiente una caracterización basada exclusivamente en unos pocos puntos.

“Las antiguas medidas tradicionales, en las que había un pequeño goteo de información, van a resultar insuficientes.”

Su planteamiento pasa por reservar las comprobaciones estáticas para situaciones concretas en las que sea necesario verificar un punto o analizar con especial detalle alguna circunstancia determinada, mientras que la medición dinámica permitiría obtener la visión general del comportamiento de una instalación.

“Entendemos que poco a poco se van a ir abandonando las medidas tradicionales, que se utilizarán en situaciones muy puntuales en las que haya que verificar algún detalle. Pero la idea global del estado de la iluminación la ofrecen las medidas dinámicas”, señalan.

Más que una sustitución inmediata, se dibuja así un cambio en la forma de diagnosticar el alumbrado exterior: primero comprender el comportamiento global de la instalación y, posteriormente, profundizar allí donde los datos indiquen que existe una desviación o una situación que merece ser estudiada.

Medir más para decidir mejor

La evolución de los sistemas de medida introduce también una transformación menos visible, pero probablemente igual de importante.

Cuanto mayor sea la capacidad para conocer cómo se comportan realmente las instalaciones, menor será la necesidad de trabajar únicamente a partir de aproximaciones, muestras reducidas o situaciones teóricas.

La medición dinámica de luminancia ofrece precisamente esa posibilidad: convertir una instalación de alumbrado en una fuente mucho más rica de información sobre su propio funcionamiento.

El reto para el sector estará ahora en aprender a interpretar esos datos, integrarlos en los procesos de mantenimiento y explotación y utilizarlos para mejorar tanto los nuevos proyectos como las instalaciones existentes.

Para Aquilino Molinero y Senén Perales, ese intercambio de conocimiento es también una de las razones de la participación de AMAC Europa en el Comité Español de Iluminación.

“El CEI es un punto de encuentro neutro en el cual cada uno expone sus puntos de vista de una forma clara y franca”, destacan. Una oportunidad, añaden, no solamente para recibir conocimiento, sino también para aportar experiencia propia al conjunto del sector.

Una suma de conocimiento que Senén Perales sintetiza mediante una imagen especialmente apropiada: “que aprovechemos todas las sinergias y que sea como un puzle; que nuestra ficha, aunque sea pequeña, sirva para crear ese gran mural que es el conocimiento de la iluminación”.

Durante años, comprobar el comportamiento de una instalación de alumbrado exterior ha estado asociado, en buena medida, a mediciones realizadas sobre puntos o tramos concretos. Sin embargo, la evolución de los sistemas de medida está permitiendo dar un salto importante: pasar de conocer qué ocurre en unos pocos metros a obtener información mucho más completa sobre el conjunto de una instalación.

Es uno de los principales retos sobre los que trabajan en AMAC Europa, entidad socia del Comité Español de Iluminación. En una conversación mantenida con el CEI durante el último Simposium Nacional de Alumbrado, Aquilino Molinero y Senén Perales pusieron el foco en las mediciones de luminancia y, particularmente, en las posibilidades que ofrece su realización de forma dinámica.

Sus reflexiones siguen apuntando a una cuestión plenamente vigente para el sector: ¿estamos midiendo realmente aquello que necesitamos conocer para evaluar correctamente una instalación de alumbrado?

De los luxes a la luminancia: medir lo que percibe el conductor

La iluminancia, expresada en lux, es una magnitud ampliamente conocida en el sector. La luminancia, sin embargo, continúa siendo menos familiar pese a su especial relevancia en determinadas aplicaciones de alumbrado viario.

Desde AMAC Europa recuerdan que la luminancia resulta especialmente significativa a la hora de caracterizar una vía con tráfico, pero su medición incorpora también una mayor complejidad.

“Normalmente la luminancia es mucho menos conocida que la iluminancia, que los luxes, y, a pesar de ser una magnitud fundamental para poder caracterizar una vía en la que hay tráfico, tiene ciertas dificultades.”

Medir luminancia no significa únicamente situar un instrumento sobre el terreno y obtener un valor. En el resultado pueden intervenir factores relacionados con las características de la propia vía, las condiciones de medida o el equipo utilizado.

Uno de ellos es especialmente importante: el pavimento.

El asfalto también forma parte de la ecuación

La luz que llega a una calzada y la luminancia que finalmente percibe un observador no son exactamente lo mismo. Las propiedades del pavimento influyen en la manera en que la luz se refleja y, por tanto, en la evaluación final de la instalación.

Molinero y Perales llaman la atención sobre “la influencia del asfalto” y también sobre las diferencias que pueden aparecer en las mediciones cuando se emplean distintos tipos de luminancímetros.

Esta circunstancia tiene importantes consecuencias prácticas. Una instalación no debería analizarse únicamente a partir de los valores teóricos previstos durante su diseño. La realidad de la vía —su pavimento, su geometría, su entorno o los obstáculos que aparecen con el paso del tiempo— condiciona su comportamiento.

Y precisamente ahí es donde una caracterización más extensa de la instalación empieza a aportar una información especialmente valiosa.

Del dato puntual al mapa completo de la instalación

La principal diferencia que introduce la medición dinámica no reside únicamente en la velocidad con la que pueden obtenerse datos. Su verdadero cambio de escala está en la cantidad y continuidad de información disponible.

Tradicionalmente, las comprobaciones podían ofrecer una fotografía de determinados puntos o pequeños tramos. Las tecnologías dinámicas permiten avanzar hacia una visión mucho más extensa de la vía.

“Estamos pasando de un sistema en el que, cuando se medía —que no siempre se medía—, teníamos una situación puntual, unos pocos metros, a brindar la oportunidad de conocer el estado de toda la instalación.”

Ese cambio tiene una consecuencia inmediata: aparecen muchos más datos.

Y con ellos surge un nuevo desafío para proyectistas, administraciones, mantenedores y gestores de alumbrado: cómo convertir esa información en decisiones útiles.

No se trata simplemente de acumular valores de luminancia, sino de utilizarlos para comprender mejor cómo funciona una instalación y dónde existen oportunidades de actuación.

“Cómo pueden gestionar toda esa información, cómo pueden utilizarla para aprovecharla de una forma mejor y poder ajustar mejor los proyectos de alumbrado o el propio mantenimiento” es, según explican desde AMAC Europa, una de las cuestiones que más interés despierta entre los profesionales cuando conocen las posibilidades de estos sistemas.

Una calle nunca es completamente uniforme

La utilidad de disponer de información continua resulta especialmente evidente cuando se observa una instalación real.

Una calle no se comporta necesariamente de la misma manera desde su inicio hasta su final. Las distancias entre puntos de luz pueden variar; el crecimiento del arbolado puede modificar las condiciones previstas originalmente; pueden existir obstáculos, cambios en la geometría o zonas cuyo comportamiento se aleje del resto de la instalación.

Una medición limitada a un tramo concreto corre el riesgo de no identificar estas situaciones.

“Vamos a pasar de conocer el estado de una calle básicamente por cómo están 20 metros a tener la información completa de esa calle.”

Esa visión global permite detectar anomalías y diferencias que una comprobación puntual podría pasar por alto.

Los propios especialistas de AMAC Europa lo resumen de forma gráfica: no todas las zonas tienen las farolas a la misma distancia ni las mismas condiciones de entorno. Son pequeños detalles desde el punto de vista territorial, pero pueden resultar muy relevantes desde el punto de vista luminotécnico.

Por ello, la medición dinámica puede convertirse no solamente en una herramienta de verificación, sino también en una fuente de información para mejorar el mantenimiento, diagnosticar instalaciones y orientar futuras actuaciones.

Medir luminancia porque lo exige un pliego no es suficiente

El debate adquiere todavía más importancia cuando las mediciones forman parte de proyectos promovidos por las administraciones públicas.

Molinero y Perales advierten de una situación que consideran preocupante: pliegos técnicos en los que se solicita expresamente la medición de luminancia, pero donde posteriormente puede existir una brecha entre esa exigencia y la capacidad técnica para ejecutarla y acreditarla correctamente.

“En las prescripciones técnicas de algunos pliegos los ayuntamientos solicitan que se mida luminancia y las empresas que han ganado esas licitaciones no demuestran que son capaces técnicamente de medirla en base a las normativas o a la guía CEI-IDAE.”

La reflexión resulta especialmente relevante en actuaciones vinculadas a programas públicos de renovación del alumbrado.

La medición no debería entenderse como un mero trámite documental. Si el objetivo es verificar que una actuación cumple determinados compromisos técnicos y energéticos, la calidad de la medida, su metodología y su trazabilidad resultan tan importantes como el propio valor obtenido.

La cuestión es, por tanto, doble: exigir datos adecuados y garantizar que quienes deben obtenerlos disponen de los medios y conocimientos necesarios para hacerlo correctamente.

¿Sustituirá la medición dinámica a las comprobaciones tradicionales?

Desde AMAC Europa consideran que la evolución parece dirigirse hacia una utilización cada vez mayor de las mediciones dinámicas.

El motivo no es necesariamente que las mediciones tradicionales dejen de tener utilidad, sino que la diferencia en la cantidad de información obtenida puede hacer insuficiente una caracterización basada exclusivamente en unos pocos puntos.

“Las antiguas medidas tradicionales, en las que había un pequeño goteo de información, van a resultar insuficientes.”

Su planteamiento pasa por reservar las comprobaciones estáticas para situaciones concretas en las que sea necesario verificar un punto o analizar con especial detalle alguna circunstancia determinada, mientras que la medición dinámica permitiría obtener la visión general del comportamiento de una instalación.

“Entendemos que poco a poco se van a ir abandonando las medidas tradicionales, que se utilizarán en situaciones muy puntuales en las que haya que verificar algún detalle. Pero la idea global del estado de la iluminación la ofrecen las medidas dinámicas”, señalan.

Más que una sustitución inmediata, se dibuja así un cambio en la forma de diagnosticar el alumbrado exterior: primero comprender el comportamiento global de la instalación y, posteriormente, profundizar allí donde los datos indiquen que existe una desviación o una situación que merece ser estudiada.

Medir más para decidir mejor

La evolución de los sistemas de medida introduce también una transformación menos visible, pero probablemente igual de importante.

Cuanto mayor sea la capacidad para conocer cómo se comportan realmente las instalaciones, menor será la necesidad de trabajar únicamente a partir de aproximaciones, muestras reducidas o situaciones teóricas.

La medición dinámica de luminancia ofrece precisamente esa posibilidad: convertir una instalación de alumbrado en una fuente mucho más rica de información sobre su propio funcionamiento.

El reto para el sector estará ahora en aprender a interpretar esos datos, integrarlos en los procesos de mantenimiento y explotación y utilizarlos para mejorar tanto los nuevos proyectos como las instalaciones existentes.

Para Aquilino Molinero y Senén Perales, ese intercambio de conocimiento es también una de las razones de la participación de AMAC Europa en el Comité Español de Iluminación.

“El CEI es un punto de encuentro neutro en el cual cada uno expone sus puntos de vista de una forma clara y franca”, destacan. Una oportunidad, añaden, no solamente para recibir conocimiento, sino también para aportar experiencia propia al conjunto del sector.

Una suma de conocimiento que Senén Perales sintetiza mediante una imagen especialmente apropiada: “que aprovechemos todas las sinergias y que sea como un puzle; que nuestra ficha, aunque sea pequeña, sirva para crear ese gran mural que es el conocimiento de la iluminación”.

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