El alumbrado vial ha sido, desde sus orígenes, una herramienta esencial para la seguridad en carretera y la reducción de accidentes nocturnos. Sin embargo, en 2025 vivimos un punto de inflexión: la movilidad ya no depende únicamente de ver y ser vistos, sino de analizar, anticipar, comunicar y coordinar.
La irrupción de vehículos conectados, sensores urbanos, 5G, modelos predictivos y sistemas de gestión energética está transformando el papel del alumbrado exterior. Hoy, cada punto de luz puede ser también:
un nodo de datos,
un sensor de tráfico,
un gestor energético,
o un actor activo en la seguridad vial, capaz de adaptarse dinámicamente al entorno.
En este escenario, el #DebateLumínico planteó la pregunta clave: ¿Hasta qué punto debe evolucionar el alumbrado vial hacia la inteligencia conectada?
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