Iluminar el patrimonio histórico no es un ejercicio puramente técnico ni únicamente estético: es un proceso donde confluyen ética, conservación, tecnología y sensibilidad artística. Cuando se ilumina un monumento, un templo o un conjunto arqueológico, la luz actúa al mismo tiempo como herramienta de preservación, medio de interpretación cultural y motor de atracción turística.
Durante décadas, la iluminación monumental se centró en realzar volúmenes y destacar fachadas, priorizando el impacto visual sobre la conservación. Sin embargo, hoy el sector vive una transformación profunda impulsada por:
Tecnologías LED de espectro ajustado, capaces de minimizar radiación dañina.
Sistemas de control avanzados, que adaptan niveles según horarios, afluencia o sensibilidad del bien.
Nuevas normativas y recomendaciones internacionales, cada vez más enfocadas en evitar intrusión lumínica y proteger el paisaje nocturno.
Una mayor conciencia profesional, que entiende el patrimonio no como un elemento decorativo, sino como un activo cultural frágil.
En este contexto, el #DebateLumínico de la semana pasada se centró en una pregunta clave:¿Qué debe priorizar la luz en el patrimonio histórico?
Inicia sesión en MyCEI para leer el artículo completo.
Si aún no eres asociado/a del Comité, puedes darte de alta directamente desde aquí: Asociarme al Comité Español de Iluminación