Cada invierno, el alumbrado navideño transforma las ciudades en escenarios luminosos que atraen visitantes, dinamizan el comercio y refuerzan el sentido de comunidad. Lo que antes era un recurso decorativo se ha convertido en un auténtico proyecto urbano, con impacto turístico, cultural y energético. Las ciudades compiten por ofrecer experiencias memorables, pero también por mostrar una gestión responsable y coherente con sus estrategias climáticas.
En este contexto, la pregunta ya no es únicamente cómo iluminar, sino para qué y con qué propósito.
¿Debe el diseño priorizar la eficiencia y el bajo consumo?; ¿O debe centrarse en la emoción, la narrativa cultural y el atractivo turístico?; ¿Hasta qué punto la luz navideña puede ser un instrumento de cohesión social y una herramienta de identidad local?
Para conocer la visión del sector, el Comité Español de Iluminación planteó esta cuestión en su #DebateLumínico semanal.
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